LA MENTE: Suspendiendo los juicios.

SEMANA 5.

LA MENTE: Suspendiendo juicios

2. LOS JUICIOS MENTALES

Juan iba de camino a la escuela

Estaba preocupado por el examen de matemáticas

No tenía claro si podría controlar a la clase hoy

En realidad, no era parte de su trabajo como bedél

No vemos la realidad como es, sino como la percibimos. Y la forma en que interpretamos el mundo tiene una influencia inmensa en como reaccionamos. Nos pasamos la vida adivinando la realidad. Podemos distinguir la “realidad” (la foto), la interpretación que le damos a la situación (nuestra “película”) y las reacciones que esta película que nos montamos tiene en nosotros (reacciones fisiológicas, emociones, impulsos).

La mente es una fuente interminable de rumores, de interpretaciones sobre la realidad y sobre nosotros mismos.

Como hemos visto el mecanismo del estrés se pone en marcha cuando se detecta una amenaza y está ligado a una reacción fisiológica rápida y eficaz para luchar, huir o quedarnos paralizados como por ejemplo ante el ataque de un animal. La clave está en que se percibe un peligro, aunque sea una ilusión, ya que la reacción al estrés no tiene tanto que ver con el evento real, como con el significado que le atribuimos (Siegel, 2001). El ejemplo clásico es cuando reaccionamos ante una forma sinuosa en el suelo mientras paseamos por el campo percibiendo una serpiente, cuando en realidad se trata de una cuerda.

Por tanto, la reacción al estrés surge de la percepción de una amenaza, se nutre de patrones de pensamientos inconscientes y se asocia a conductas automáticas y a reacciones somáticas.

Parar y explorar atentamente lo que puede estar determinando el modo en que nos enfrentamos a los retos de la vida nos ayuda a distinguir claramente lo que funciona de lo que no funciona. A la vez, practicamos el estar con cualquier cosa que esté ocurriendo momento a momento, sin hacer nada para cambiarla o escapar, de manera que prestamos más atención a cómo son las cosas realmente que a cómo queremos que sean. Por lo general, tratamos de sentirnos mejor disminuyendo la intensidad de las experiencias dolorosas; en la práctica de la atención plena, trabajamos más bien para aumentar la capacidad para soportarlas y sostenernos.

Las trampas de la mente

La atención plena puede ayudarnos a responder en vez de reaccionar al estrés a través del reconocimiento de las trampas mentales, las pautas, las creencias y los condicionamientos que intensifican el estrés y el sufrimiento, como por ejemplo:

-       Charla negativa con nosotros mismos:

En nuestro diálogo interno, podemos observar un estilo automático de pensar e interpretar los hechos que nos ocurren, en cierta medida somos nuestros peores jueces. La atención plena puede ayudarnos a considerar los pensamientos, tanto los positivos como los negativos, no tanto como hechos reales sino como eventos mentales.  Suspender juicios, practicar la ecuanimidad: cuando un pensamiento surge, relaciónate con él como un evento mental.

-       Pautas habituales de pensamiento:

Exagerar lo negativo y descartar lo positivo; suponer lo que piensan los otros sin tener ninguna evidencia objetiva; el perfeccionismo; la lista de reglas inquebrantables asociadas a lo “debería”; la culpabilización, ya sea asumiendo los problemas ajenos o haciendo responsables de los demás de nuestro sufrimiento. No te creas todo lo que piensas.

-       Error atribucional:

En general, según los estudios científicos del comportamiento, tenemos tendencia a cuando algo sale bien, creemos que el mérito es propio, y cuando sale mal, la culpa es de los demás. De manera, que solemos criticar cuando las cosas salen peor de lo esperado más que felicitar cuando salen mejor. Percepciones distorsionadas, observar otras alternativas.

-       La ilusión de lo “mío”:

Existe un patrón de pensamiento muy poderoso y que genera mucho sufrimiento, consiste en la tendencia a identificarse con las experiencias que vivimos, con las cosas que usamos, o con las personas que conocemos, aunque sean experiencias diferentes en cada ocasión y las cosas y las personas cambien. Es como si fueran una parte de nuestra identidad, y sufrimos si se rompen, se acaban o cambian, cuando en realidad las vivimos y compartimos durante un tiempo y espacio concreto. ¿Cuándo nos han pertenecido?. Las cosas y las personas no son como son, son como las percibimos, y están en continuo cambio.

En la práctica de la atención plena iniciamos una investigación en que nos descubrimos a través de un examen neutro de nuestros pensamientos, a medida que van y vienen. Te animamos a que anotes estos patrones a medidas que los identifiques, no con el ánimo de luchar con ellos, o de que desaparezcan sino con la intención de aceptar su existencia, de tener la capacidad de identificarlos en el momento presente, de observarlos como pensamientos, y de desapegarnos de su fortaleza, y de la reactividad conductual asociada. Desindentificarnos.

Suspender los juicios:

Cuando algo te afecte demasiado, prueba a hacerte estas preguntas:

-       ¿Cuál es la interpretación de este hecho que me lleva a sentirme así?

-       ¿Es verdad? ¿Mi interpretación es cierta?

-       ¿Hay otras interpretaciones posibles, y en ese caso, cómo cambiaría mi experiencia de este momento?

-       ¿Puedo, al menos, suspender los juicios en este momento y ver qué pasa?

Al suspender los juicios, puedes ampliar tu mirada y tener distintas percepciones, con lo que dispondrás de mayor libertad para actuar. Aquello que sembramos es lo que cosechamos.

Ante una situación estresante, podemos observar cual es nuestro primer impulso, y preguntarnos si existen otras percepciones posibles.

Podemos reflexionar sobre: ¿Si modificamos nuestra relación con los otros, es posible que su comportamiento cambie ? Interdependencia.

Material elaborado a partir de “Mindfulness para reducir el estrés” de Bob Stahl y Elisa Goldstein; “El cerebro de Buda” de Rick Hanson y Richard Mendius; Mindulfness, una guía práctica para encontrar la paz en un mundo frenético de Mark Williams y Danny Penman.

El ser humano forma parte de la totalidad, llamada por nosotros Universo, una parte limitada en el espacio y el tiempo que, en una suerte de ilusión óptica de la conciencia, se experimenta a si mismo como algo separado del resto. Esta ilusión es una especie de prisión que nos circunscribe a nuestros deseos personales y al afecto por unas cuantas personas cercanas. Nuestra tarea consiste en liberarnos de esta prisión, expandiendo el círculo hasta que nuestra compasión acabe abrazando a todas las criaturas vivas y a la naturaleza entera, en toda su belleza.

Albert Eistein. Carta a New York Post 1972

 

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